Hablando de suicidio.

Hablar de suicidio debe de ser informativo, desvincularlo de lo moral y lo literario y tomarlo como lo que es, un problema de salud pública y mental.

La moral nos dice que quien decide suicidarse lo hace por falta de compromiso con la vida, o algún otro prejuicio más o menos parecido. Sin embargo, siendo realistas, la mayoría de los suicidios están relacionados con problemas de salud mental que a su vez son causados por múltiples factores sociales y fisiológicos en las personas. Son algunos de estos los trastornos depresivos, los trastornos relacionados con eventos traumáticos, trastornos psicóticos, dependencia a sustancias, el acoso escolar, el estrés laboral, problemas familiares, entre otros.

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Fuente: OPS/OMS

 

Quien tienen ideación suicida o a intentando hacerlo, la probabilidad de que en algún momento lo realice es alta, por lo que la atención debe de focalizarse en estos casos, sin embargo, la prevención del suicidio tiene que estar antes.

En los trastornos mentales, además de focalizarnos en la sanación de los síntomas relacionados con la enfermedad, nunca hay que descartar la ideación suicida, y estar bien enfocados en el tratamiento psiquiátrico y psicológico para ayudar a la persona en caso de que la desarrolle.

En el caso de las situaciones sociales que causan un desequilibrio emocional (y que se relacionan estrechamente con trastornos depresivos y del estrés), la prevención tiene que ser anterior al factor estresante, con psicoeducación o intervención psicosocial para mejorar los entornos, sin embargo cuando existan factores de riesgo, por ejemplo, en el caso del acoso escolar, se necesita intervenir en los entornos educativos que lo estén desarrollando, con buenas prácticas en la detección y atención de los casos. Lo mismo debe de suceder en los entornos laborales, familiares o incluso comunitarios, donde los factores de estrés que desencadenan los conflictos pueden ser múltiples y de distinta causa.

Quiero enfatizar que, aunque esté implícito en lo anterior la persona no elige suicidarse, su cerebro y con ello su estado mental, se ve alterado en la percepción de la realidad y la idea del suicidio se fortalece como un estado de detención de la sintomatología o la situación que está causando el desequilibrio emocional. Por lo que, regresando a la idea planteada en principio, hay que desvincular el suicidio de lo moral y lo literario, y empezar a verlo y a atenderlo como lo que es, un problema de salud.

Fuentes: Prevención del suicidio: un imperativo globalEl suicidio, un problema de salud pública enorme y sin embargo prevenible, según la OMSSalud mental y suicidio

 

¿Qué es un ictus? Infografía.

El ictus o también se le conoce como accidente cerebrovascular (ACV), apoplejía o enfermedad cerebrovascular y se manifiestan súbitamente, siendo su equivalente a un infarto de corazón pero en el cerebro.

Es la principal causa de daño cerebral adquirido en el mundo, y de las principales en causar discapacidad y muerte en población adulta.

A continuación compartimos la siguiente infografía de  con mayor información para tenerla en cuenta.

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Fuentes:

http://www.observatoriodelictus.com/index.php/que-es-un-ictus

https://www.hogarmania.com/salud/salud-familiar/prevencion-cuidados/201410/ictus-26658.html#ixzz3HYJTMe8L&i

https://ictusfederacion.es/

 

 

 

Con(s)ciencia y ciudadanos.

En este juego de palabras, es posible encontrar una guía para vivir de una mejor manera como ciudadanos. La consciencia (en una definición simple y corta) como la capacidad del cerebro para reconocerse en la realidad y percibirla, nos abre el panorama a que como seres biológicos y sociales somos capaces de interrelacionarnos en una realidad, y que mejor, que esa realidad sea lo más enriquecida para el desarrollo de nuestras capacidades.

Para lograr ese desarrollo es necesario tener avances como grupos o sociedades, que impacten en lo local o global positivamente en beneficio de las personas y el entorno. Es aquí donde desmembramos la palabra, quitando la “s” y separándola, creando “con Ciencia“, mejores ciudadanos. Necesitamos comenzar a interiorizar la ciencia, no solo como creadora de conocimiento académico, sino como impulsora de innovación, tanto en productos o servicios que faciliten nuestro tránsito como mejores ciudadanos, como en prácticas que permitan fortalecer la salud mental y la salud física de las sociedades. Podemos lograrlo fortaleciendo una apropiación social de la ciencia y la tecnología y explotando desde la ciudadanía participativa el conocimiento y herramientas que genera en pro de mejores relaciones sociales.

Pero para esto necesitamos una conciencia que nos rija, tomando la definición de la RAE como “la capacidad de distinguir entre el bien y el mal”,  es necesario tener un filtro que nos permita tomar las mejores decisiones, el mejor conocimiento, y las mejores herramientas; para el bien propio, pero también para el bien común y es aquí donde la ciudadanía se fortalece, ya que no solo seremos entes individuales viendo por el propio bienestar, sino que lograremos fortalecer las relaciones colectivas entre ciudadanos, contextos sociales y el lugar en el que vivimos.

Falta mucho por profundizar, y con esto esperamos abrir una brecha de entendimiento y conocimiento de lo que queremos desarrollar como línea de acción.

La salud emocional, un momento para fortalecerla.

La salud emocional es fundamental en el fortalecimiento de la resiliencia en la ciudadanía. Existen múltiples formas de obtener una forma adecuada de sobrellevar las circunstancias que se nos presentan día a día, pero entre ellas es importante obtener una buena educación en los temas relacionados a nuestras emociones, nuestro cerebro y nuestra mente.

En esta ocasión, como parte del 96° Encuentro de Ciencias, Artes y Humanidades, le toca la salud mental y emocional ser protagonista en un encuentro llamado “festival por la salud emocional“, en un esfuerzo en conjunto entre la Secretaría de Salud y la UNAM, involucrando diferentes áreas y dependencias.

Se llevará a cabo en la Casa del Lago en Chapultepec el domingo 25 de febrero de 2018, en un horario de 9:30 – 19:00 hrs.

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Con diferentes actividades y talleres entre las cuales se encuentran las siguientes:

https://www.facebook.com/plugins/post.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2FFestivalPorLaSaludEmocional%2Fposts%2F1551219231663026&width=500

Está abierta la invitación a toda las personas en la Ciudad de México y a quienes visiten la capital en este fin de semana.

¿Después de la tempestad viene la calma? Qué sigue ahora.

Han pasado un par de semanas y aunque el dicho diga “después de la tempestad llega la calma”, en el caso de la salud mental no. Y aquí es en donde los profesionales de la salud (y me atrevo a incluir a médicos, enfermeras, trabajadoras sociales y claro que psicólogos y psiquiatras), es cuando debemos encender nuestros radares, detectar y atender focos rojos.

Claro que los focos rojos se pueden disfrazar de cotidianeidad, y lo que parecieran ser problemas “comunes”, en realidad serían estragos de las catástrofes pasadas, pero vamos a aterrizar más este aspecto en una segunda parte.

Como ya mencioné en un post anterior (https://saludmentalyciudadaniablog.wordpress.com/2017/09/26/corazones-sacudidos-emociones-desbordadas/) después de los sismos presentados en el país el mes pasado, lo que queda en las personas es un estado de estrés fisiológico agudo, que es una respuesta esperada y evolutiva cuando la percepción de peligro aparece, y entre muchos procesos neurobiológicos, nuestro cuerpo-mente es bombardeado por varias hormonas y neurotransmisores comandados por la amígdala en nuestro cerebro. Claro que esto se traduce en una pérdida del control cognitivo, es decir, no podemos entender lo que sucede, y al intentar retomar dicho control, nuestros razonamientos, así como nuestras conductas se vuelven erradas.

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Por supuesto, que durante esta etapa aguda de estrés no podemos hablar de síntomas, ya que ese término nos refiere a patología, y lo que está ocurriendo en nuestros organismos es una reacción fisiológica automática a un evento estresante, pero si podemos hablar de reacciones esperables, entre ellas la hiperalerta, el cual es un proceso que se distingue por una vigilancia acrecentada mientras se está despierto, y que requiere una gran cantidad de recursos. Estos estados agudos de estrés pueden llegar a desgastar a una persona a tal grado de ir agravando las reacciones desencadenando trastornos asociados, de los cuales nos ocuparemos en otro momento.

Es importante retomar que es necesario por parte de los profesionales de salud estar capacitados para intervenir en este tiempo crítico, y bajo marcos delimitados como “la gestión del riesgo de desastres” (para mayor información http://www.undp.org/content/dam/rblac/docs/Research%20and%20Publications/Crisis%20Prevention%20and%20Recovery/Brochure_Desastres_sp.pdf) la cual en un esquema simple busca formar personal preparado para la reducción del riesgo (prevención), el manejo de crisis (respuesta) y la recuperación (rehabilitación), en situaciones de desastre como la que hemos vivido.

Bajo este esquema es indispensable actuar cuando hablamos de intervenciones desde la salud, ya que cualquier profesional capacitado podría actuar en caso de que se vuelva a presentar un desastre, en un contexto de intervención psicosocial priorizando la atención temprana y oportuna para la protección de la salud mental y la reducción del riesgo. Ya que como expliqué arriba las reacciones esperables ante situaciones críticas pueden agudizarse, y será necesario después de la emergencia, dar atención y seguimiento a los sobrevivientes durante un periodo prolongado, al enfrentar la tarea de reconstruir sus vidas.

Para lograr esto, se están haciendo esfuerzos conjuntos, pero en donde le toca al estado organizar los esfuerzos individuales que surgieron en estos días, y dar forma a un sistema de reacción en caso de desastres.

Corazones sacudidos, emociones desbordadas.

He leído muchos mensajes y fuentes que hablan de cómo las personas se desbordaron a ayudar después de ocurrido el sismo del 19 de septiembre de este año, lo cual muestra esa capacidad de apoyo y organización que tenemos como seres humanos y en lo particular como mexicanos ante una situación de emergencia. Por ahí flota la idea de que, si usáramos esta misma capacidad para lograr objetivos en común, podríamos mejorar bastante la situación de muchas personas en el país, y ojalá que así sea y se haya sembrado una semilla.

Así como nos desbordamos por apoyar al que está en una condición distinta, y es que son muchos los motivos que nos mueven y no solo la empatía, también debemos procurarnos. Cuidarnos a nosotros mismos es indispensable, aun nuestro estado fisiológico se encuentra secuestrado por el sistema amigdalar (que funciona como un radar que detecta los peligros), lo que no nos permite la asimilación correcta de nuestras emociones y pensamientos, y nos mantiene en un loop constante de activación hacia distintos estímulos. Claro que existen formas de regresar a un equilibrio, algunas prácticas como la meditación, la yoga, las actividades deportivas, las actividades lúdicas son herramientas eficaces para disminuir la activación fisiológica a causa del estrés, pero también fortaleciendo nuestras redes de apoyo sociales son un mecanismo eficaz para recuperarnos.

La pérdida del hogar, las materiales, y las personales las sufrieron unos cuantos, pero otros muchos perdimos seguridad, desde el punto de vista emocional, ahora tenemos esa sensación de no estar seguros en nuestros hogares, escuelas o empleos, ya que vimos estas estructuras colapsarse. Y es que poco a poco iremos recuperándola, pero no podemos bajar la guardia y seguir fortaleciendo la cultura de la prevención y la actuación ante un sismo, somos vulnerables en muchas regiones de nuestro país.

Un abrazo a todos y a todas, porque nos damos cuenta de que nos necesitamos. Porque podemos seguir apoyando y fortaleciendo nuestra unidad como ciudadanos y ciudadanas.