¿Después de la tempestad viene la calma? Qué sigue ahora.

Han pasado un par de semanas y aunque el dicho diga “después de la tempestad llega la calma”, en el caso de la salud mental no. Y aquí es en donde los profesionales de la salud (y me atrevo a incluir a médicos, enfermeras, trabajadoras sociales y claro que psicólogos y psiquiatras), es cuando debemos encender nuestros radares, detectar y atender focos rojos.

Claro que los focos rojos se pueden disfrazar de cotidianeidad, y lo que parecieran ser problemas “comunes”, en realidad serían estragos de las catástrofes pasadas, pero vamos a aterrizar más este aspecto en una segunda parte.

Como ya mencioné en un post anterior (https://saludmentalyciudadaniablog.wordpress.com/2017/09/26/corazones-sacudidos-emociones-desbordadas/) después de los sismos presentados en el país el mes pasado, lo que queda en las personas es un estado de estrés fisiológico agudo, que es una respuesta esperada y evolutiva cuando la percepción de peligro aparece, y entre muchos procesos neurobiológicos, nuestro cuerpo-mente es bombardeado por varias hormonas y neurotransmisores comandados por la amígdala en nuestro cerebro. Claro que esto se traduce en una pérdida del control cognitivo, es decir, no podemos entender lo que sucede, y al intentar retomar dicho control, nuestros razonamientos, así como nuestras conductas se vuelven erradas.

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Por supuesto, que durante esta etapa aguda de estrés no podemos hablar de síntomas, ya que ese término nos refiere a patología, y lo que está ocurriendo en nuestros organismos es una reacción fisiológica automática a un evento estresante, pero si podemos hablar de reacciones esperables, entre ellas la hiperalerta, el cual es un proceso que se distingue por una vigilancia acrecentada mientras se está despierto, y que requiere una gran cantidad de recursos. Estos estados agudos de estrés pueden llegar a desgastar a una persona a tal grado de ir agravando las reacciones desencadenando trastornos asociados, de los cuales nos ocuparemos en otro momento.

Es importante retomar que es necesario por parte de los profesionales de salud estar capacitados para intervenir en este tiempo crítico, y bajo marcos delimitados como “la gestión del riesgo de desastres” (para mayor información http://www.undp.org/content/dam/rblac/docs/Research%20and%20Publications/Crisis%20Prevention%20and%20Recovery/Brochure_Desastres_sp.pdf) la cual en un esquema simple busca formar personal preparado para la reducción del riesgo (prevención), el manejo de crisis (respuesta) y la recuperación (rehabilitación), en situaciones de desastre como la que hemos vivido.

Bajo este esquema es indispensable actuar cuando hablamos de intervenciones desde la salud, ya que cualquier profesional capacitado podría actuar en caso de que se vuelva a presentar un desastre, en un contexto de intervención psicosocial priorizando la atención temprana y oportuna para la protección de la salud mental y la reducción del riesgo. Ya que como expliqué arriba las reacciones esperables ante situaciones críticas pueden agudizarse, y será necesario después de la emergencia, dar atención y seguimiento a los sobrevivientes durante un periodo prolongado, al enfrentar la tarea de reconstruir sus vidas.

Para lograr esto, se están haciendo esfuerzos conjuntos, pero en donde le toca al estado organizar los esfuerzos individuales que surgieron en estos días, y dar forma a un sistema de reacción en caso de desastres.

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